Conclusiones de la Primera Parte

1. El gasto público en su conjunto tuvo una tendencia creciente a lo largo de 1965 a 1992, sobre todo, los picos de mayor crecimiento se lograron en la década de 1980, pero sólo hasta el año 1988 dado que en este año el Estado se encuentra prácticamente en bancarrota, reconocido por el mismo Carlos Saúl Menen al año siguiente. Las variables que más presionaron para lograr la sobredimensiòn del gasto público fueron de mayor a menor: los gastos de bienestar social, los gastos económicos, los gastos de la administración gubernamental y los intereses de la deuda.

2. La deuda pública desde 1975 a 1989 creció sin cesar, lo que trajo como consecuencia que las cuotas de servicio también se incrementen en esa misma medida; por esa razón los intereses de la deuda se convirtieron en un pesada carga para el Estado, sobre todo desde 1973 a 1985. En los años posteriores el Estado empieza a cumplir con sólo una parte de la deuda, hasta que a principios de 1988 entra en cesación de pagos, dado que los intereses aceleraban constantemente el crecimiento del gasto, lo que provocaba el desequilibrio de las cuentas públicas. Cuando en 1989 asume el nuevo gobierno, se encuentra con el problema de la renegociación de la deuda y el desequilibrio fiscal. Por lo cual, la única manera de poder llegar a un acuerdo con los acreedores, era reduciendo el gasto total del Estado y generando nuevos ingresos, es decir, primero debía sanear las cuentas públicas, dado que ¿Cómo podría afrontarse el pago de los intereses a los acreedores, si ni siquiera se tenía fondos para solventar las necesidades de la Nación? ¿Con qué recursos se solventaría los intereses? Esa era la única forma de pensar en la renegociación, dado que el Estado no hubiese podido afrontar las cuotas de servicios de la deuda, si no se pensaba en "achicar" el gasto y generar ingresos porque el gobierno no tenía recursos y encima había que afrontar las partidas del presupuesto. Por esa razón, se busco el fortalecimiento de las finanzas públicas mediante la privatización de las empresas públicas, entre ellas, Ferrocarriles Argentinos y Ferrocarriles Metropolitanos S.A.

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3. En numerosas oportunidades se planificó la restricción o racionalización del gasto público con el fin de arribar al equilibrio de las cuentas públicas, y frenar el emisionismo para solventar la brecha entre gastos e ingresos públicos. Sin embargo, todos estos planes fueron a corto plazo, coyunturales, por lo cual, nunca alcanzaron objetivos globales a largo plazo. La falta de planificación estratégica hacía que los problemas estructurales de la economía argentina, como la inflación y el déficit fiscal nunca se solucionen, inclusive no sólo a nivel gubernamental sucedía la falta de planificación a largo plazo sino también en las empresas públicas ocurría lo mismo. El discurso político promulgaba principios que no se veían reflejados en el comportamiento de las variables; la administración gubernamental era ineficiente e ineficaz, lo que provocaba un crecimiento desmedido del Estado, lo cual hacía imposible el equilibrio de las cuentas públicas. El gasto de la administración gubernamental, no sólo tuvo una tendencia totalmente creciente sino que también era tan elevado que incluso en 1986 superó al gasto económico, y además, como pudo verse claramente en los gráficos, desde 1965 a 1992 el período donde este registro el mayor crecimiento fue desde 1983 a 1987. Esa fue una de las razones por la cual, el justicialismo buscaba disminuir el gasto de la burocracia. El gobierno de Menen para enfrentar los enormes gastos de la burocracia, no sólo tuvo que recurrir a racionalizar el gasto sino también a generar recursos, mediante una reforma fiscal y privatización. Con esta última, también se lograba la eliminación de muchas secretarías y subsecretarías que tenían a cargo la administración de las empresas públicas, totalmente ineficaces.

4. Sin duda alguna, los gastos económicos jugaron un rol de primerísima importancia en el desequilibrio de las cuentas públicas y en el crecimiento desmedido del Estado, inclusive más relevancia que los intereses de la deuda y el gasto gubernamental. Fue la variable, después del gasto de bienestar social, que más evolucionó, inclusive en el año 1983 alcanzó el record del gasto más elevado de la historia del presupuesto, superando notablemente al gasto social. El comportamiento de esta variable reflejó la importancia que tenía el sector público empresario convirtiéndose en una pesada carga onerosa para el Estado, sobre todo durante la década de 1980. Debido a ello y a los graves problemas para equilibrar las cuentas públicas, a partir de 1985 aparece en el discurso político la necesidad de privatizar. En 1984 el déficit fiscal logró alcanzar el 21% del PBI, el más alto en el período comprendido entre 1973 y 1995, por esa razón, los radicales estaban convencidos que la única manera de solucionar el problema estribaba en la racionalización del gasto económico y en la generación de nuevas fuentes de recursos, lo que podría lograrse mediante la privatización.

De esta manera, el análisis de los gastos económicos dio por sentado que el sector público empresario era una cuantiosa carga de comportamiento creciente debido a la ineficiencia e ineficacia, y que la única salida como lo pensaron los radicales y más tarde los justicialistas para solucionar el problema del déficit, radicaba en privatizar.

5. La dependencia que tenían las empresas públicas con el Estado era una de las principales causas de lo ineficiente que eran. Estas fueron utilizadas como herramienta de política económica sectorial, estaban sujetas a los vaivenes del gobierno de turno, y además debido a la falta de estímulos para innovar producto de la protección que gozaban del Estado mediante la regulación, provocaba que no sólo dieran pérdidas continuamente sino que también presten un servicio de pésima calidad o produzcan un producto de pésima calidad. En el caso de Ferrocarriles Argentinos, luego que desde 1965 a 1981 la cantidad de pesos que el Estado le destinaba mediante el presupuesto tuviera una tendencia decreciente, a partir de 1982 empezó a crecer en forma acelerada respecto de años anteriores, por lo cual, su concesión durante la década del '90 se dio en parte para reducir este gasto, dado que su evolución creciente en lo últimos años de gobierno era uno de los factores que más contribuían al déficit.

6. El gran mal de la economía argentina durante varias décadas fue la inflación, que era impulsada por el déficit fiscal, dado que el Estado para solventar una parte de este último, recurría al impuesto inflacionario; emitía dinero provocando inflación para recaudar más. Con el régimen de convertibilidad, que limitó el uso de política de monetaria por parte del Estado con el fin de volver a un Estado previsible con el fin de alentar la confianza de los inversores y reconstruir la Argentina Productiva, sino se solucionaba el problema del déficit, este se incrementaría dado que ya no podría recurrirse al impuesto inflacionario. Esta circunstancia provocó que la necesidad de privatizar para solucionar las cuentas públicas se vuelva más imperiosa aún y además, que se lleve a cabo en el corto plazo, porque si no se llevaba a cabo esa reforma estructural, con la dolarización de la economía en 1991, el déficit fiscal se hubiera elevado a niveles muchísimos más altos que los niveles que alcanzó durante el gobierno radical.

7. El problema estructural del déficit fiscal no radicaba solamente en una cuestión de gastos públicos sobredimensionados, dado que a pesar que en 1988 el gasto en su conjunto disminuyó en forma totalmente abrupta como nunca se había hecho y además disminuyendo años posteriores; sin embargo el déficit fiscal se elevó desde 1987 a 1989. Por lo cual, el problema radicaba también en la insuficiencia de los recursos tributarios ordinarios. Por ende, la privatización en general, se debió también a la necesidad de generar recursos.

8. La privatización de Ferrocarriles Argentinos y Ferrocarriles Metropolitanos S.A. se debió a la necesidad de reducir el gasto y generar recursos ordinarios a través del canon. En cuanto a la reducción del gasto, era sumamente necesario, dado que esta empresa estatal era la más ineficiente e ineficaz de todas las empresas públicas, las pérdidas que producía debían ser solventadas por el presupuesto. Durante la década del '80, los diferentes resultados económicos fueron negativos, las ventas estaban muy por debajo del costo del servicio, por ende, la trasferencia de la explotación de los ferrocarriles implicaba terminar con esa fuente de egresos de recursos fiscales. En cuanto a la necesidad de generar recursos ordinarios, la concesión fue necesaria dado que como se vio en el trabajo de investigación el problema no sólo radicó en gastos elevados sino también en ingresos de recursos escasos.
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Por ende, podemos decir que se cumple la primera parte de la hipótesis, dado que como se vio claramente, el déficit fiscal constituía un problema estructural en la economía argentina, que se había intentado de varias formas eliminarlo pero nunca con resultados satisfactorios, sobre todo en el gobierno radical, donde el discurso radical no se veía plasmado en la práctica.

La situación de la economía se agravaría aún más porque había que renegociar la deuda y retomar los pagos de la deuda externa. El elevado endeudamiento producto de las dos crisis energéticas va a producir que la Argentina entre en cesación de pagos a comienzos de 1988. Por lo cual, el gobierno menemista a comienzos de 1990 planeó realizar una reforma estructural, con el fin de reducir el elevado gasto público del Estado (sobre todo el gasto gubernamental y el económico) y generar nuevos recursos (mediante la privatización) y renegociar la deuda, que finalmente se logra en 1991 ingresando al Plan Brady.

Se pudo demostrar como el desequilibrio fiscal provocaba el principal problema de la economía argentina: la inflación, dado que el Estado recurría al emisionismo para recaudar más vía impuesto inflacionario, y de esa manera reducir el déficit fiscal., la explicación monetarista de este fenómeno fue la que adoptamos para entender la inflación argentina dado que se vio reflejado en el comportamiento de las variables de la economía argentina. Por ende, si el Estado no hubiese recurrido al impuesto inflacionario, el déficit durante las décadas de 1970 y 1980 hubiese sido notablemente superior, dado que si bien no era suficiente para cubrir todo el déficit, cubría una parte importante del mismo.

El gobierno justicialista pensó en poner fin a la inflación con en la dolarización de la economía que traería como efecto secundario la eliminación del impuesto inflacionario dado que ya no podría recurrirse al emisionismo para recaudar más vía impuesto inflacionario, esto produciría que el déficit se agravará, el impuesto inflacionario siguió el mismo comportamiento que los índices de precios. Al no haber inflación, no se incrementaba la recaudación producto del impuesto inflacionario.

Por ende, el justicialismo realizó una reforma estructural, con la finalidad de solucionar el desequilibrio de las cuentas públicas y renegociar la deuda, por esas razones, se planificó la concesión de los ferrocarriles, dado que transfiriendo la explotación a los particulares no sólo se lograría reducir el gasto sino también se lograría aumentar los ingresos para solventar las necesidades de la Nación, dado que los concesionarios debe pagar el denominado canon. En los primeros años se llegó inclusive al superávit fiscal, luego que desde 1973 a 1992 los presupuestos fueran deficitarios..

Autor: Richard Amaro

Como citar este texto: 

richardamaro (13 de Dic de 2010). "Conclusiones de la Primera Parte". [en linea]
Dirección URL: https://www.econlink.com.ar/node/3191 (Consultado el 14 de Mayo de 2021)